
Inexorablemente y para citar la consabida sentencia del Eclesiastés: “todo bajo el sol tiene su hora”, favorita del interfecto, y encontrándonos de forma cada vez más acelerada en la precipitada carrera hacia el choque de trenes, henos aquí abogando por evitar esto, a como dé lugar y cueste lo que cueste, para restablecer una convivencia en paz y democracia, aunque nos sentimos presos de un pesimismo absoluto para lograrlo, por cuanto no hay nada más difícil que lidiar con ideólogos y fanáticos.
Cada vez que puedo, trato de seguir, por obligación de “opinador”, algún debate en la Asamblea Nacional sobre lo que sea, o ver VTV y sus ladillosisimos programas de opinión y cuando logro sobrevivir, a veces sintonizo La Hojilla, el programa favorito de Chávez ¿Y con que me encuentro en todos esos programas?: nada menos que con preparativos, desde el verbo del comandante sin desparpajo y de sus focas, incitando y nutriendo de odio visceral, el alimento ideológico, a las bandas de linchamiento formadas por lumpenes a sueldo, o fanáticos uniformados de diablo rojo, que propinan golpes y pedreas a opositores, hasta en los más apartados rincones del país.
Cuando vi un video sobre la turba uniformada que en San Carlos quería linchar al Dr. Diego Arria me dije: allí está la principal obra de Chávez… Esta gente es capaz de matar.
En el caso del diplomático ¿No se conformó con robarle la finca, ahora quieren amayugarlo a palos para callarlo?. Porque el único responsable de estos desmanes, es el factótum de este desastre.
¿Cuándo han visto u oído a Hugo Chávez condenar estos “dibujos libres” de sus huestes? ¿Cuando ha enviado un mensaje de solidaridad a un político, sindicalista o empresario agredido vilmente, por su gente educada en el agavillamiento?
Aunque en honor a la verdad, debo decir, que en este país esa costumbre en viejísima. La turba engrosada por todos los especímenes de espíritus subalternos, se siente fuerte y agreden cuando andan en trulla… síntoma más que evidente, de cobardías individuales, que sumadas subliman su degredo y encuentran su “animo de combate” en la “grisapa” agresiva del tumulto.
Siempre me ocurre, viendo la TV que de repente, ante una frase destemplada del gordo Escarrá, el malo, como convocando al aplauso la bancada foca, o en medio de una incalable imprecación chillona de Cilia, sobre el amor del comandante, o cuando en medio de una pomposa elaboración “intelectual” de Earle, descubres el plagio latoso y añejo, salido de una gacetilla del PC cubano o de un aburridísimo discurso de Fidel, siento como una seña propia de desarmonía corporal, una especie de golpe de angustia, parecido a cuando pensando en el vacío insondable que acompaña la conciencia súbita de la finitud de nuestros días, en esta existencia corpórea, te hace buscar pensar en otra cosa por instinto de conservación, por cuanto sostener esa combinación neuronal, me imagino lleva al shock, o por lo menos a depresiones profundas. Esa fuerte sensación emanada del límbico cerebral, imagino, es como recibir de repente la noticia que tienes un cáncer terminal o si te comunicaran que resultaste positivo en un análisis de VIH.
Es un impulso casi inconsciente de exasperación que da la orden, de acto reflejo inconsciente a pulsar el control del TV y apartarlos de mi vista y de todos mis sentidos, queriendo cambiar para un clip de video de balada rock, o un programa de curiosas copulaciones animales, o sobre astrofísica de Discovery Chanel, o para una película de Cantinflas, es decir lo más alejado posible de las imágenes aterradoras de la cotidianidad chavista.
Porque la irritación que te embarga emana a una velocidad de nanosegundos, y decides no torturarte más, celebrando por lo menos que todavía tienes la opción de apagar la ya omnipresente red totalitaria de medios públicos.
Como quisieran las focas parlamentarias del gran hegemón, tener en sus manos un sistema como el imaginado por George Orwell, en su novela sobre el fascismo rojo: “1984”, recogidas en las imágenes donde se obligaba a todos los habitantes en ese Estado soñado por Fosforito, a colocarse frente a inmensas pantallas, puestas en cada sitio, en calles, lugares públicos, casas etc. y donde aparecía o hablaba el GRAN HERMANO, para entre todos “vivir viviendo” “EL MINUTO DEL AMOR” y en otro momento participar en EL MINUTO DE ODIO, dando alaridos y maldiciendo a los traidores, que ya se imaginarán en su escenografía sencilla.
Un discurso de Cilia, de adoración extasiada ante imágenes del comandante, mirando al horizonte, como sólo ÉL puede hacerlo, y otro spot con la voz de fondo del gordo Escarrá llamando canallas, pitiyanquis, contrarrevolucionarios, esbirros, nazis, enemigos del árbol, del sistema métrico decimal y proxenetas, a figuras de la oposición, con un orden de predilección caprichoso, porque escogen siempre a los mas modositos y dispuestos a cobardías de postración consuetudinaria.
Digo esto último porque lo creo útil para plantear que nada ganan nuestros políticos, con andar mostrándose con un lenguaje ya irreconocible, como invocando perdón al chavismo por ser diferentes a ellos.
¿Acaso no bastan TRECE LARGOS AÑOS de vociferante desafío e insultos, para demostrarles que Chávez quiere eternizarse en el poder, aun al costo de desatar una espiral de violencia nunca vista en Venezuela?
Y dijo nunca vista, porque ni en los peores años de la violencia izquierdista contra los primeros gobiernos de la etapa democrática, se pudo generar, y menos desde el poder, una confrontación masiva de segmentos del pueblo, unos contra otros.
El Porteñazo, el carupanazo, la Huelga general de transporte de 1960, se escenificaron con confrontaciones militares y represivas del Estado, contra las facciones insurrectas, o fueron tratados como un grave problema de orden público.
Incluso la liquidación de los golpes chavistas de 1992 fueron sofocados por las FFAA del Estado. Y en cuanto al El 27 de febrero de 1989 que implicó, a diferencia de cualquier otro episodio, un estado de caos social generalizado, también fue sofocado a un precio altísimo de vidas, es cierto, por parte de las FFAA.
Pero ahora instigado por Chávez y sus huestes, pergeñado como arma suprema de chantaje para que se le deje eternamente en el poder, a falta de disponer un estado totalitario, que nunca pudo imponernos y hubo de conformarse con este remedo piltrafa del llamado socialismo del 21, han querido, con una tenacidad digna de mejor causa, preparar una confrontación cívico militar en gran escala, que según ellos ganan, para pasar a una soñada segunda fase, de su miserable modelo de saqueo, en beneficio de la boli-burguesía y de someter al grueso del país a sus adoradas pestilentes tarjetas de racionamiento de miserias estatistas.
Ahora Chávez anda con la prédica, sobre que nosotros queremos convertir Venezuela en una Libia o Siria. Estas comparaciones francamente dementes, tienen sin embargo el objetivo de aliñar sus chantajes, porque él cree, reafirmará en las cabezas de la gente, que siendo él, émulo de Gadafi, esto costaría miles de muertos, la OTAN mudada para, acá acabando con el teleférico de San Agustín, su única «gran obra» caraqueña y plomo parejo durante meses y meses.
¿Puede encontrarse en la historia mundial un irresponsable parecido, que se dé por tarea cotidiana generar, desde la cima del poder zozobra en la población, con el único objetivo que la gente se resigne a seguir soportando su cagada de gobierno, por temor a que su derrota cause una mortandad sin precedentes?
Nuestro país NUNCA será una Libia o una Siria, o para aterrizar este debate, ni siquiera algo más caribeño como Nicaragua o Panamá.
Ni somos una sociedad tribal pre capitalista en su organización social, ni nuestro Estado, pese al chavismo han logrado hacerlo totalitario, sino un remedo de lo peorcito de un estado clientelar vernáculo, solo viable a punta de dólares americanos, generados por petróleo, que nos sale casi regalado producirlo y horrendamente dispendioso y caro mal distribuir sus enormes lucros.
Y tampoco Chávez es Gadafi, aunque quiera mimetizarse jugando al héroe hipotético, atacado por la flota de Obama y el Comando Sur mudado para Curazao. No logra ni siquiera ponerse los uniformes de desfile archí-adornados, porque sabe el tamaño de las burlas que le haríamos.
Chávez es capaz de mandar a matar, como ya lo hizo el 4 de febrero de 1992 y el 11 de abril 2002. Pero también le conocemos de sobra la faceta del Museo Militar y de montarse en la limusina con el general Sucre, vía Fuerte Tiuna, a entregarse con la argumentación que no quería derramamientos de sangre, en ese otro “por ahora” más que bochornoso.
Pero por más que queramos quitarle gravedad, a la calidad mortífera del mensaje del chavismo, sobre que, según él, nos hundimos en la hecatombe si osamos impedir su usurpación del poder, no puede perderse de vista que efectivamente si están preparándose para algo inédito en Venezuela, desde la guerra federal y es el azuzar bandos sociales, con toda clase de resentimientos y revanchismos, con la deliberada intención de provocar una confrontación de base masiva y armada, donde ellos darían por descontado su triunfo.
Fundarían así POR FIN, sobre una épica de sangre, su piltrafa de régimen de partido único, TV única, Periódico Único, sindicatos asimilados al estado, monopolio económico de producción distribución estatal única, banca estatal única, monopolio de comercio exterior estatizado, granjas colectivas, educación ideologizada a cargo del partido único, propiedad inmobiliaria, maquinarias, tierras, turismo entretenimiento, enajenado todo al servicio de la casta gobernantes etc etc etc.
Eso es castrismo decadente en acción, porque hasta la propia burocracia parásita y chula de Cuba, se abre a prácticas capitalistas, mientras estos de aquí parecieran ir de retroceso, para querer llevarnos a estadios primitivos de trueque o injerencias estatistas asfixiantes que terminaría por diseñar un Estado aun mas hipertrofiado, una economía de penurias y una nación de rasero social aplanado para la inmensa mayoría, salvo para los miembros de la nomenclatura y de la burguesía roja, deleitándose con el grueso de su tajada del ingreso petrolero.
Yo estoy convencido sobre que fracasará lo Chávez intente. Tiene 13 años subestimando las reservas de cultura democrática y protestataria del pueblo venezolano.
Pero alertemos que su plan de patear al tablero puede ganar o perder, depende de cuál sea la disposición de pelear para defendernos contra esa siniestra perspectiva totalitaria.
Dije demasiadas veces que no era bueno llamar dictador a Chávez, ni totalitario su régimen cuando aun no lo era.
Es recién ahora cuando, con un cáncer encima y una percepción absolutamente clara sobre que son minoría, se están animando a dar el trancazo y es ese y no otro el plan, porque antes de medirse en elecciones preferirán subordinar todo a estas expectativas de uso de la fuerza.Su proyecto violento va a aparejado con la opción obtusa hacia una dictadura y ese es precisamente su problema: sencillamente lo vomitarán, lo vomitaremos.
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