N o hay nada oculto entre cielo y tierra. Todo se sabe o se comprende, aunque sea muy tarde. Siempre todo termina sabiéndose o explicándose. En las milenarias costumbres chinas, nacidas de una cultura que es quizá la menos contaminada, hasta el siglo XX, a no ser por orientales muy cercanos como los mongoles, quedó el hábito muy antiguo, de siglos, de lanzar una carcajada muy sonora en dirección al que habla, o del que se oyó algo extravagante que sencillamente no tiene como respuesta sino la enorme sorpresa recibida por el despropósito enunc…
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